¿Dónde están?

Imagen de Tom und Nicki Löschner en Pixabay (editada)

Me había dicho a mi misma que esta Newsletter, o blog, o como quieras llamarlo, iba a ser para animarte, motivarte e inspirarte contándote cosas que me llegan de otros. Pero hay semanas en que no puedo; sencillamente porque pasan cosas que me recuerdan a cosas que pasaron y veo que vamos por el mismo derrotero; y me digo, esto no les puede pasar a mis chicos ni a mis chicas.
Otra vez no.

Huelga.

Huelga estudiantil.

Te cuento una cosa: vengo de una generación que, en 1990, hizo una huelga de estudiantes nacional mucho más ruidosa que lo que están haciendo estos días. Hubo movilizaciones en todo el país; manifestaciones, cortes en las autopistas (imaginaos la “alegría” de los camioneros que no podían llevar sus mercancías a destino a tiempo porque a los niños se les había ocurrido que no querían presentarse a la Selectividad)… en fin, sonado.

Algunos alumnos rebeldes decidimos que íbamos a seguir acudiendo a clase. Porque la rebeldía siempre ha sido hacer lo contrario de lo que hace la mayoría; y la mayoría hacían huelga. Y la vida siguió al margen de las protestas, los temarios se fueron explicando mientras la mayoría se sentaba en la autopista, y la Selectividad se llevó a cabo exactamente igual que siempre.

Entonces fue cuando descubrí el engaño tremendo que constituían los sindicatos de estudiantes, y lo insultante que resulta ante los sindicatos laborales de verdad que se parten el cobre por conseguir que los derechos de las personas trabajadoras no sean suprimidos en las empresas.

Y te cuento por qué: porque los trabajadores que van a la huelga pierden su sueldo diario cada vez que dejan de ir a trabajar para luchar por sus derechos. Cada vez que hacen una huelga, arriesgan su puesto de trabajo, porque ninguna empresa quiere huelguistas en sus filas.

Y arriesgan su salario, con el que sostienen a sus familias, porque aquello que están reivindicando es algo que realmente se merecen por el mero hecho de ser personas trabajadoras.

Los estudiantes, ¿qué arriesgan ellos? ¿Alguien les va a negar una convocatoria de examen? ¿Van a poner en peligro algo de lo que dependa directamente su sustento, el suyo y el de su familia? 

Hace unos meses vivimos en nuestro país las movilizaciones de los agricultores. ¿De verdad hay alguien que piensa que es algo comparable a un montón de chicos y chicas que deciden no ir a clase porque la EvAU no les parece bien? ¿En serio? ¿Tú crees que si les preguntáramos uno a uno a los estudiantes que no van a los institutos qué reforma de la EvAU se está exigiendo, sabrían responder?

¿Y sabes por qué? Porque lo único que buscan, lastimosamente, es dejar de ir a clase. Ya está. A esto se reduce todo. A unos pocos, les sirve de entrenamiento para saber lo que harán el día de mañana cuando entren en contacto con un sindicato de verdad y cómo funcionan los sindicatos. Les enseñan a lanzar consignas pegadizas y a poner cara de “aquí estoy yo”; pero luego sus vidas seguirán en el mismo nivel de comodidad que ha ido teniendo hasta este momento. En realidad, la calidad de la enseñanza en nuestro país les importa muy poco. ¿Te lo demuestro? Ahí va:

¿Dónde están los sindicatos de estudiantes cuando hay un caso de acoso escolar en un centro, para defender a la víctima?

¿Dónde están los sindicatos de estudiantes cuando hay abusos sexuales en los centros, para exigir medidas de seguridad?

¿Dónde están cuando hay ausencias prolongadas de profesores sin sustitución a la vista, para asegurarse que la calidad de su formación no va a verse menoscabada?

¿Dónde están cuando en un centro no hay rampas ni accesos adaptados para personas de movilidad reducida?

¿Dónde están, en fin, cuando de lo que se trata es de exigir una educación de secundaria al nivel de las exigencias del mercado laboral? ¿Cuándo han exigido que se realicen trabajos interactivos en clase, en lugar de largas sesiones magistrales en las que solo hay que escuchar? ¿Cuándo han exigido trabajar y estudiar más?

¿Y sabes cómo se consigue eso? Sólo hay una manera: estudiando, yendo a clase, haciendo preguntas, formandonos para ser los mejores profesionales del futuro (en lo que sea), exigiendo al profesorado que enseñe mejor, exigiendo a nuestros compañeros de curso que sean buenos compañeros de curso; es decir, siendo persona incómodas.

Y eso está muy lejos de lo que hacen los sindicatos de estudiantes en estas huelgas.

Perdóname si esperabas otro tipo de newsletter hoy. No me he podido resistir. Te prometo que la próxima volverá a su habitual tono.

En la pŕoxima… si tú quieres.

Miren

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