Me encantaría poder preguntaros a cada uno y a cada una qué tal ha ido el verano, y que esto fuera una quedada en grupo para ponernos al día unos de otros.
Pero bueno, como eso no puede ser (al menos por ahora), voy a expresar un par de ideas que tenía en la cabeza cuando me puse a pensar qué iba a escribir yo en la primera entrega de la newsletter de este curso. Tengo muchas ideas, pero la primera del curso es algo así como “eh, qué tal te va, cuánto tiempo sin verte, cómo te ha ido” y cosas del estilo.
Y si, hay dos ideas importantes que quería contarte.
La primera es que el verano que hayas tenido no define el grado de tu felicidad.
Me explico: cuando comienza el curso, en muchos centros les da por empezar a preguntar a los alumnos (en voz alta y delante del resto de la clase) cómo ha ido el verano. Y parece (y ojo, que digo parece) que todo el mundo ha hecho unos planes increíbles: veraneos en la playa, campamentos alucinantes (en inglés, en alemán o en español de España) donde parece (y, ojo, que vuelvo a decir parece) que todo el mundo se lo ha pasado en grande y no ha habido ningún mal día por ningún lado; viajes a Italia, Grecia, Estado Unidos o Tailandia (¿qué manía le ha dado a la gente con Tailandia?), o por lo menos una ruta por la costa española del norte, del sur, o del este, da igual; y parece (aviso, tercera vez que uso el verbo parece) que si tú no has ido a un parque temático o de atracciones multinacional, o no te has tirado por una cascada o no has atravesado un barranco… pues no has tenido verano.
Mira, no. También estamos los que no hemos salido de nuestro pueblo en todo el verano, hemos ido a la piscina municipal porque es lo que había y nuestro parque temático ha sido un libro, una peli, una serie, un videojuego o los cuatro amigos que nos hemos quedado en el pueblo o la ciudad; parece que solo nosotros hemos pasado calor (la palabra no sería calor, sería infierno abrasador), hemos sudado como pollos (con perdón de la imagen tan prosaica) y a veces, hasta nos hemos aburrido.
Pero es que… no se trata de a ver quién hace el plan más impresionante (y más caro, por cierto, que a veces da la sensación de que solo se reduce a eso). Se trata de DESCANSAR: cambiar la rutina, dormir un poco más (¡un poco!), de estar más ratos con los amigos (risas, conversaciones), de ver esa peli o leer ese libro o pasarte ese videojuego que no has podido durante el curso, tomarte una limonada en plan relax o simplemente dormitar la siesta que nunca te puedes permitir. Ese no estar pendiente del reloj. Si eso no es felicidad, ven y cuéntame qué es.
¿Que el resto de los planes de los demás son muy guays? (Creo que guay es una palabra que debería empezar a dejar de emplear, pero es que describe muy bien lo que quiero expresar) Quizá sí. Pero los planes son, eso, planes. Aquí, lo importante es quién hace el plan y si le hace feliz, si lo disfruta y si lo vive plenamente, cosa que, con bastante frecuencia, esos otros planes dan más quebraderos de cabeza que otra cosa. Que tu campamento eres tú y los tuyos. Quédate con eso.
La segunda idea: no te pongas frenos. Quita el pie del pedal del freno. Estamos en octubre, es ahora cuando se sacan las notas brillantes, lucha desde ya por lo que quieres. Mira, este finde he tenido una experiencia muy negativa. Tanto que me ha supuesto un enfado del tres, un enfado que me ha durado dos días, no te digo más. Un grupo de padres y madres estamos sin pediatra en varios pueblos a la redonda. Y claro, las quejas se oyen por todas partes: en el parque, en la calle, en el cole… El sábado pasado hubo una concentración de padres y madres exigiendo una sanidad digna para nuestros peques, era el sábado a la una. Mala hora: el partido del niño, el vermut, la comida en casa de la abuela, el torneo de tenis, … ¿sabes cuántas personas estábamos en la concentración (de cuatro pueblos)? Pues estaríamos unas cincuenta personas. Vergonzoso, ¿verdad? Pero es que para ir, había que renunciar a cosas.
Esto no nos puede pasar a nosotros con el curso; vamos a luchar desde el primer día, vamos a estudiar, a hacer planificaciones de trabajos, de estudio, a hacer un horario exigente… ¡vamos a por todas!. Pero desde el minuto cero. Porque luego quejarse por los pasillos de casa, del insti o del cole no vale.
¿Tendremos que renunciar a cosas? Sí, así es, tendremos que hacer pequeña renuncias. ¿Merece la pena? Desde ya te digo que SI. Porque es nuestro futuro el que está en juego. ¿Conformismo?… ¡NO! ¿Determinación?… ¡¡SI!!
Así que…a por todas. Prometo estar aquí siempre que lo necesites.
Te veo en la próxima, si tú quieres.
Miren
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