¿¿Quién eres??

Imagen (editada) de Pexels en Pixabay

¿Y tú quién eres? ¿Eres el pijo o  la pija? ¿Eres el empollón o la empollona? ¿Eres el chungo o la chunga? Quizás seas el/la friki, el rarito o la rarita o el/la pro. O quizá seas totalmente anodino/a, sin ningún matiz que te pueda incluir en un grupo u otro.

O quizá no seas ninguno de ellos porque tienes un poquito de cada uno en mayor o menor medida, no en todos igual. Hay gente que es un 80% chungo, un 3% rarito y el resto es anodino. Y hay gente que es un 80% cool pero tiene un 10% chungo que cuidadín.

O quizá hay días que te levantas muy pro, pero al día siguiente estás pana floja literal.

O te levantas muy chungo pero a medida que avanza el día te vas volviendo un poco más pro.

O quizá ninguna de todas estas cosas y todas a la vez.

Pero, tú lo sabes, yo lo sé y el universo entero lo sabe, tienes una etiqueta. Y aunque no tenga nada que ver contigo, con el/la que eres por dentro de verdad, sabes que la llevas colgada a la espalda y no hay manera de quitártela de encima.

Es lo que tienen las etiquetas. Las que te ponen a ti, las que pones tú a los demás: impiden que conozcamos a la persona de verdad, cómo es genuinamente. 

Si es esto lo que te pasa, sólo tengo una recomendación que hacerte: cambia de gente. Porque quien te conoce y reconoce en una simple etiqueta ni te conoce ni, lo que es mucho peor, tiene interés en conocerte.

Las personas que ponen etiquetas o admiten sin discusión las etiquetas que ponen otros no se merecen tu compañía. Punto. Y esto, sin discusión.

Tú, y yo y cualquiera valemos mucho más que una etiqueta.

A veces no podemos sacudirnos a la gente de encima por la simple razón de que trabajan en el mismo lugar que uno (compañeros de clase, compañeros de trabajo, lo mismo da); pero mándate este mensaje a ti mismo: algún día dejaré de ver la cara de esta persona; algún día volaremos de aquí y cada uno irá por un camino diferente; ese día no volverás a verme… (aquí puedes poner el calificativo que tú quieras, que está feo que lo haga yo).

Mientras tanto, intenta evitar a esas personas, invisibilízalas; porque las invisibles deben ser ellas/os, no tú.

Te ahorrarás mucha frustración gratuita y mucha rabia que luego se convierte en odio. Las etiquetas son parches, y los parches son para las mochilas, no para las personas.

Y cuando salgas al mundo laboral, al mundo abierto fuera de un aula, te darás cuenta que la gente es bastante más flow libre y más no labels.

Mientras tanto, tú y yo nos veremos, si tú quieres, en la siguiente.

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos

El plan B

Imagen de decrand en Pixabay

Las cosas no siempre salen como nosotros pensábamos que iban a salir. Y a veces esto ocurre en cosas sin importancia: pierdes un tren, las entradas para aquel concierto están agotadas o se te olvidó comprar el material para la actividad del cole de mañana y ya está todo cerrado. Son cosas que fastidian un poco la vida pero que tampoco es que nos aniquilen la existencia.

En estos casos, ¿qué hace tu cerebro, aunque tú no te des cuenta?

Tu cerebro busca un plan B: voy a ver si hay algún autobús a esta hora, iré a ver a ese grupo en otra ocasión o iré a ver a otro grupo, a ver si pillo algo abierto antes de entrar en el cole (siempre hay un bazar a mano). Y ya está, el organizador de planes B que tenemos en el cerebro nos salva de llegar tarde, de aburrirnos o de quedar fatal en clase.

La cosa es que estas ocasiones, aparentemente sin importancia, son muy importantes y necesarias. Por dos razones: la primera es que tu cerebro aprende a frustrarse (esto quiere decir que vas teniendo cada vez más aguante para las pequeñas mierdecillas que nos pasan cada día); en términos de psicología se llama resistencia a la frustración; vamos, que te vas haciendo resistente a que te pasen estas cosas, te vas haciendo roca por dentro (¿me explico?).
La segunda, es que es un gran entrenamiento para cuando llegan esas mierdecillas pero tamaño Estatua de la Libertad.

Imagina ahora una persona que nunca ha tenido que luchar con ese tipo de cosas; nunca ha perdido un bus, ni un tren ni un metro; nunca ha llegado tarde a ningún sitio; nunca se ha perdido nada de lo que quería hacer en sus ratos de ocio; siempre ha estado donde quería estar pasándoselo bien; siempre ha quedado como persona responsable en su cole o su insti. Nunca ha tenido que aguantarse las ganas de llorar de impotencia por algo que ha salido mal o que no ha salido, nunca ha tenido que aguantarse las ganas de pegar un grito o dar un puñetazo a la mesa o a lo que tuviera cerca y jamás se ha quedado sin internet mientras jugaba online por un fallo del router.

Ahora imagina que esa persona quiere hacer, pongamos por caso, Medicina. Y, por lo que sea… porque llegó tarde al examen de acceso, porque no le daba la nota, porque se le olvidó cuándo era el último día para matricularse… puede haber mil motivos (aquí la que escribe un año casi se queda sin matrícula por ir el último día de plazo a hacerla). El caso es que… ups, no entró en Medicina.
¿Cómo crees que lo llevará? ¿Una persona que nunca ha tenido que lidiar con la frustración y la contrariedad? ¿Te lo cuento? Su cerebro no será capaz de elaborar un plan B y necesitará que otros, generalmente sus padres, le saquen las castañas del fuego o le arreglen el desaguisado. Y tendrán que hacerlo porque su cerebro estará colapsado ante una tarea para la que no se ha entrenado nunca: elaborar un plan B ante una frustración.

Pero es que además hay una tercera razón por la que es importante tener frustraciones; ¿no te ha pasado nunca que has hecho cosas, ya sean viajes, planes, o simplemente, leer un libro, que han resultado absolutamente fascinantes, y que si no hubiera sido por que era un plan B no las hubieras hecho nunca? ¿Y que si no hubiera sido porque algo te salió mal o simplemente no te salió, te hubieras perdido algo realmente increíble? Pues con las cosas importantes pasa lo mismo. 

Las empresas de gran éxito empresarial, son lo que son gracias a sus numerosos “planes B” que sus fundadores y sucesivos CEO’s han sido capaces de poner en marcha.

Johnny Depp, el inolvidable Jack Sparrow y unos cuantos personajes más, a cuál más icónico, no es actor porque fuera su primera elección. El, en realidad, quería ser guitarrista; de hecho, tiene una banda, Hollywood Vampires; pero cuando empezó no tuvo el éxito que esperaba; sin embargo, en cuanto empezó a hacer castings para películas, tuvo una respuesta muy positiva; parece que se le daba mejor ser actor que músico; ¿qué hizo?: desarrollar su faceta como actor, que le ha reportado muchísimo éxito y dejar la guitarra como un hobby. Y ser feliz y disfrutar de ambas cosas.
Así que nunca se sabe lo que sacarás de positivo de una negación o una frustración. Quizá el resto de tu vida se beneficie de ello. 

Tú, mientras tanto, entrénate como “planeador o planeadora B de cosas que salen mal”, y prepárate para el futuro.

Y mientras ese futuro llega, nos vemos en la próxima, si tú quieres.

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos 

Una historia de Sergio

Hoy te voy a robar un poquito más de tiempo, quizá dos minutos más de lo habitual; pero merece la pena, te lo aseguro.

Un chaval recién licenciado en Teleco por aquel entonces (hoy ya tiene unos cuarenta años y combina su trabajo profesional con la música), Sergio Sáiz , te cuenta esto:

Yo vengo de una familia y ciudad humilde, Reinosa, donde el frío es una constante y no puedes andar 100 metros sin haber saludado al menos a 3 personas.

Decidí estudiar telecomunicaciones y tuve la gran suerte de poder hacerlo, sin ser consciente de todos los sacrificios que tuvieron que hacer mis padres, los cuales supe al cabo de los años y se me revuelve algo dentro cada vez que lo recuerdo. Jamás les podré estar lo suficientemente agradecido. Hasta segundo de carrera no tuvimos ordenador en casa (¡ya no digamos internet!), y ese primero fue prestado, de modo que hasta entonces tenía que hacer todos los trabajos en el aula de informática de la universidad.

El tiempo pasa y de repente me veo en mitad de Madrid, trabajando entre ordenadores, perdiendo horas y horas en transportes públicos, y no sé cómo ni cuándo descubro el mundo del hacking. Aquello era increíble, ¿cómo podía alguien hacer esas cosas que publicaban después en internet? ¿cómo sabían todo eso? ¿se lo había enseñado alguien? ¿cómo tenían esos recursos para poder y saber investigar? Si yo no sabía ni lo que era un módem no porque fuese muy joven sino porque no tuve la oportunidad. Como todo niño que no es capaz de saciar su necesidad de conocer, allá fui yo, a mi primer congreso de hackers (la primera Rooted) Me sentía un auténtico privilegiado, era como esa sensación de decir “¡mamá, papá, mirad!». Aunque no entendiese la mitad de las charlas, allí estaba, como uno más, aprendiendo e incluso riéndome de los chistes (a veces sin pillarlos del todo) que hacían los ponentes cuando destapaban las vergüenzas de las grandes empresas. Por allí estaba un tío con un gorro de colores y pelo largo al que saludaba mucha gente, “ese debe de ser importante” pensé yo. Los que han montado todo esto han hecho venir a la tele, la sala está petada de gente… Todo era impresionante, te ibas a casa con más ganas todavía de cacharrear con el ordenador.

Por circunstancias de la vida vuelvo a mi Reinosa natal, y un golpe de realidad me da en toda la cara. En toda Cantabria no había nada de ciberseguridad, ni eventos, ni cursos, ni siquiera amigos con los que poder hablar de esas cosas… nada. Aquello simplemente no podía ser, así que me puse a tantear qué había que hacer para hacer yo mismo una CON. Unas cuantas llamadas, unos cuantos mensajes y correos, y en una semana encontré a gente dispuesta a venir aquí, a mi casa (no literalmente), a dar charlas, a ayudar a montarlo. Comentarios como “claro tio”, “venga, cuenta conmigo” o incluso “estás loco, yo te ayudo” nunca se me irán de la cabeza. Aún faltaba una parte importante, el nombre. Tenía que ser algo friki pero que molase. En ese momento me acordé una charla que ví de Rubén Santamarta en la primera Rooted que me rompió la cabeza. Solo recuerdo estar sentado intentando seguir la charla (…). Y como siempre me han gustado los juegos de palabras, ahí surgió: Security HELL CONference. ShellCON o Sh3llC0N. Parecía como si estuviera viviendo dentro de algo irreal, después de preparar todo e involucrar a mucha gente llegaba el momento de la verdad. Recuerdo que cuando empezó a llegar la gente a la CON en Santander (después estar toda la noche ensayando con Carlos el discurso de apertura), nos miramos Tomy y yo y nos dijimos “que han venido, que esto es de verdad”. Ya solo quedaba disfrutar del esfuerzo y las horas invertidas en aquello.

Cuando acabó todo, mi cabeza empezó a imaginar (como siempre) una CON donde la gente tuviera su espacio, no solo charlas y talleres, sino un lugar donde exponer sus proyectos, salas de networking, un sitio donde frikear o donde dejar su CV porque quería mostrar su valor. Pero aún así, me seguía faltando algo. Había un vacío que no se terminaba de llenar, a pesar de todas las amistades hechas, de todos los brindis, de todos los nervios, saludos y despedidas… No era mi Reinosa.

Al cabo del tiempo (2023), y después de un merecido descanso, tras varias idas y venidas dentro de la organización del congreso, ese eco en mi interior, esa esencia que no te deja dormir agusto, me decía que Sh3llC0N no se había acabado a pesar de los esfuerzos por convencerme de lo contrario. Pero esta vez iba a ser diferente, no lo iba a hacer por las empresas y tampoco por dar el gusto a los demás o por conseguir más patrocinios. No, lo iba a hacer por mi, lo iba a hacer por la comunidad y lo iba a hacer a mi manera, como siempre imaginé que sería. Algo familiar, algo cálido y donde todo el mundo se sienta arropado y partícipe. Y sí, tenía que ser en Reinosa, porque es el sitio que me ha visto nacer y porque puede haber otros chavales que tengan las mismas inquietudes que yo tuve y no sepan a dónde ir o cómo empezar. (https://sh3llcon.es/la-esencia-de-sh3llcon/)

¿Y por qué quería que hoy leyeses esto? Para demostrarte que las cosas grandes comienzan por ser muy pequeñas; porque no es imprescindible ser “hijo de” para poder hacer cosas interesantes; porque tú, seas quien seas, puedes (y debes) construir tu propio futuro desde ya, independientemente de tu origen. Porque tu origen te impulsa, pero no te determina. Y el destino lo dibujas, lo construyes y lo reorientas tú.

Feliz fin de semana. Y nos vemos en la próxima, si tú quieres.

Miren

Imagen de Anja en Pixabay