Mi espejo (1/2)

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La semana pasada te dije que hoy te iba a dar una serie de pautas para que pudieras responder, con cierta aproximación, a la pregunta ¿quién soy?

Quizá me vine un poco arriba, porque la preguntita se las trae. Pero voy a intentar ser fiel a mi palabra y ayudarte con esto de saber quién es uno mismo.

Lo primero que te puedo decir es qué NO debes contestar. 

Quién eres tú

no lo definen las personas que te rodean; así que desechamos respuestas tipo “el hijo pequeño de mi familia”, “el mejor amigo que tienen mis amigos” o “el alumno que todo profe querría tener”. No, esto no nos vale. Porque esto no te define a ti mismo, sino a ti en relación con los otros. Y aunque el ser humano se define por ser un ser social, cuando nos preguntamos quiénes somos, estamos buscando nuestro yo más originario y auténtico, nuestro yo-mismo, si se le puede llamar así.

Creo que lo que somos

independientemente de los demás tiene más relación con lo que sentimos que con lo que pensamos. Porque los pensamientos y las opiniones pueden variar a lo largo de la vida, pero las emociones… las emociones han venido para quedarse.

Así que hay dos preguntas

que te pueden dar más pistas que ninguna para responder la pregunta ¿quién soy?, y son (todo esto en mi opinión, que conste):

  • qué me hace sonreír
  • qué me hace llorar

Y no me refiero

a si ves una peli cómica o si te caes y te abres la rodilla; me refiero a eso que te remueve por dentro de tal manera que acabas o con una sonrisa bobalicona o con los ojos humedecidos; y ahora no me vengas con que tú no lloras de emoción por nada. Además, te hago un spoiler: cuanto más mayor te vas haciendo menos te cuesta que algo te haga llorar.

Las cosas que te remueven por dentro dicen mucho más de ti que cualquier otra cosa. Piénsalo. Dale una vuelta. 

Y ahora que he cumplido con lo pactado, te dejo ahí rumiando esto. Espero que te sea útil para conocerte a ti mismo o a ti misma un poco mejor.

Y nos vemos en la siguiente, si tú quieres.

Miren

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El espejo de las redes

Imagen de Wolfgang Eckert en Pixabay

Angel Martín, uno de mis autores favoritos de textos interesantes, acaba de finalizar su informativo matinal de manera definitiva. Era un informativo de lo más interesante, solo duraba dos minutos, pero te quedabas con lo importante del día y parecía que te lo estaba contando tu mejor amigo. Pero no voy a eso.

Para explicar por qué cancela el informativo, una de las cosas que dice y que me parece que hay que transmitir con altavoces es:  “Esto termina porque me inquieta mucho sentir que a causa de las redes e internet estamos empezando a perder la capacidad de ver quiénes somos y qué queremos realmente.

Creo que confundimos los logros de otros con lo que queremos nosotros”.

Y esto me ha hecho pensar. Cuántas veces, yo, que vengo de un mundo analógico, he caído en creer que eso que veo en las publicaciones es lo que quiero ser-tener-vivir yo. Y ya te digo que yo he nacido en un mundo absolutamente analógico, con lo que se supone que mi generación está un poco más vacunada ante tanto influencer desorientado.

Y si yo, que ya vengo con la vacuna por defecto, aunque solo sea por la edad, caigo en esto… ¿Cuántos jóvenes de hoy en día, cuando comienzan su andadura por las redes sociales como meros consumidores, caerán en esta confusión?


Así que hoy sólo quería transmitirte esto que nos dice Ángel: las redes sociales no son un espejo en el que mirarte. Los sueños de los que aparecen en redes, por otra parte perfectos desconocidos por nosotros, no son los tuyos. Ni las cosas que tienen ni las vidas que tienen. Para empezar, porque lo primero que habría que saber es qué porcentaje de toda esa apariencia es realidad. Porque que ellos lo muestren como algo maravilloso que les da la felicidad, no significa que tenga que ser la tuya.


No tengo muchos consejos que dar al respecto, solo te puedo contar lo que hago yo y lo que a mi me ha ayudado: intenta desconectar de las redes de verdad; es decir, que tu tranquilidad no dependa de si has podido abrir el Instagram o el TikTok cuando tenías una décima de segundo; si no poder hacerlo te genera ansiedad, atiende a eso porque es una señal de alarma.


Otro consejo: a la vez que apagas la voz de las redes sociales en tu cabeza, enciende esta otra voz: ¿yo qué quiero? ¿a mi qué me motiva? ¿cuáles son mis sueños? ¿qué hace que me levante cada mañana (aparte del despertador)? 

Porque solo así tomarás conciencia de lo que tú quieres.

Pero sólo hay un modo de llegar a saber qué quieres, y es partir de la otra gran pregunta: ¿quién / cómo soy? Pero ésa, si quieres, la dejamos para el próximo día: claves para poder saber quién y cómo soy realmente.


Dejo ya la chapa. Un par de voces me han dicho que mejor si hago las newsletters un pelín más cortas. Eso va a ser difícil, te lo digo desde ya mismo, porque si algo me cuesta es ser breve. Aquí cada uno tiene su pedrada, pero en ello estamos.

Y nos vemos en la siguiente, si tú quieres.

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¿Cuál será tu éxito?

Imagen (editada) de Anup Panthi en Pixabay

El otro día vi un video en Instagram de Borja Adanero, CEO de The Power Business School, la escuela de negocios donde me formé en Marketing Digital cuando me di cuenta de que mi camino me llevaba al mundo online.

En ese video Borja dice, entre otras cosas, que el éxito empresarial es que tu empresa facture por lo menos 100 millones de euros al año.  Como no podía ser de otra manera en la red social, la gente se le echó encima; decían que estaba haciendo de menos a las personas que no han llegado a ese nivel de facturación. 

Y Borja Adanero tiene toda la razón y eso no significa que esté haciendo de menos a nadie; lo explica en su siguiente video: te puedes considerar una persona con éxito empresarial cuando tu empresa está entre las cinco o siete primeras en el sector. Si no estás ahí, eres una empresa más, que se distinguirá por lo que sea del resto, pero que está ahí, en el inmenso grupo de las empresas del sector.

¿Eso quiere decir que todos tengamos que tener nuestro objetivo en conseguir ser uno de los siete más grandes? 

No. 

Es más, es necesario que no sea así, porque si no, ya me contarás. La lucha entre los grandes ya es suficientemente titánica como para que, además, nos metamos todos en el mismo ring.

Entonces, Miren, si mi objetivo no está en ser uno de los grandes, ¿mi objetivo es menor? 

Bueno, quizá sea menor en términos monetarios. Cuantitativamente menor. Vale. 

El núcleo de todo esto es que somos personas, que no se completan solo con dinero. Nuestro ser personas no es un ser cuantitativo, sino cualitativo. Hay objetivos mucho más importantes que quizá (seguro) nos reporten menos dinero.

Para empezar está lo que de ninguna manera quieres hacer y dónde no quieres estar. Y no se trata solo de a qué no te quieres dedicar, sino más bien de qué tipo de vida no quieres llevar. Yo, por ejemplo, no quisiera ser de ninguna manera astronauta ni viajar al espacio. Esos viajes millonarios que se empiezan a hacer ahora en plan turista fuera de la atmósfera terrestre… va a ser que allí no me encontrarías nunca. Y no por lo que cuestan. No los quiero ni regalados.
También sé que no me gustaría tener una academia física, me refiero a aulas físicas con profesores contratados, etc etc. Hubo un momento en que me pareció buena idea. Pero ahora mismo sería más una carga que un trabajo ilusionante.
Y uno acaba por llegar a saber más o menos qué objetivos quiere llegar y qué le importa en la vida, empezando por lo que no quiere que ocurra y por qué. 
Hay personas que nunca saldrán en Expansión ni en Forbes, y sin embargo, su éxito en la vida habrá sido rotundo. No será un éxito profesional. Será un éxito personal, que puede ser laboral o no.
La Madre Teresa de Calcuta vivió siempre entre la pobreza más pobre del mundo. De hecho, ella lo decía así: me dedico a los más pobres de entre los pobres: los que no tienen nada, ni siquiera dónde caer muertos; estigmatizados y rechazados por sus familias y la sociedad entera, nadie les mira a la cara.

La Madre Teresa de Calcuta vivió siempre entre la pobreza más devastadora. Sin embargo, su éxito fue internacional. La monja que vivía con mucho menos de lo necesario, fue Premio Nobel de la Paz en 1976, tuvo numerosos premios a lo largo de su vida y una vez falleció, fue nombrada Santa por el Papa Francisco en 2015. Cuando murió, el gobierno de India le organizó un funeral de estado (funeral especial dedicado a jefes de estado y presidentes).

Me da a mi que cuando Elon Musk muera, ningún gobierno le hará algo parecido. 

Y hay más ejemplos, no creas. Mahatma Ghandi, Martin Luther King, Nelson Mandela… y los miles de personas que habrán llegado a un éxito personal abrumador en el más estricto anonimato y con el dinero justo para llegar a final de mes.

Pero esas personas… estaban donde querían estar. Creo que no hay éxito más arrollador que ese.  

Una vez una profesora (era mi tutora de curso, además) nos hizo redactar un ejercicio titulado “Cómo me veo dentro de veinte años” o algo así. Fue un ejercicio que supuso en mi un antes y un después. Porque me puse a escribir de una manera casi febril, creyendo que iba a dejar boquiabierta a mi profe (a la que yo, además, admiraba). ¿Y sabes que me contestó cuando me lo devolvió? Me dijo: vuelve a redactarlo, y esta vez no te centres en QUÉ quieres ser, sino en QUIÉN quieres ser. De ahí el punto de inflexión que supuso aquel ejercicio. 
Por eso, cuando pienses en términos de éxito o fracaso… piensa quién quieres ser tú, dónde quieres estar y qué te hace feliz.

Y nos vemos en la próxima, si tú quieres.

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Cambios de planes

Imagen de orythys en Pixabay

La newsletter que estaba programada para salir hoy no sale hoy. No puede salir hoy. Y no sé si saldrá la semana que viene porque ya veremos cómo evolucionan las cosas. 

El jueves 31 (Halloween para más señas) puse las noticias a las siete de la mañana, como cada día. Me había acostado el día anterior con mi España en paz, con los problemas de siempre y los políticos dando mucho la vara con sus cosas y preocupándose muy poco por las de los demás (unos y otros). Vamos, España como una noche más, todo normal.

Y el jueves pongo las noticias. Y un paisaje dantesco se reveló en la pantalla; veinte muertos en unas inundaciones por una dana en Valencia. Rápidamente se me vinieron a la mente todas las personas que quiero y que viven por esos lares. Empecé a mandar audios preguntando si estaba bien (se me olvidó una amiga mía, porque como es de Donosti y yo la conocí viviendo en Pamplona las dos, en mi cabeza siempre la ubico en el Norte). Bueno, el caso es que todos los que yo conocía estaban bien. Luego pusimos mensaje a la familia que tenemos en Cataluña porque oímos que la dana se aproximaba hacia allá, y también estaban todos bien.

Pero había mucha, muchísima gente, que no estaba nada bien. Y aunque no sean amigos o familia, son mis compatriotas. Y los quiero.

Los muertos iban en aumento, las dificultades, cada vez mayores, y el resto de España ya estaba organizándose para poder ayudar a la zona de la tragedia. Como cada vez que ocurre una tragedia de esta envergadura, decidí que pondría las noticias en tres momentos del día concretos (mañana, mediodía y noche) para escuchar la última hora de la información, unos diez minutos es suficiente, y apagar la tele el resto del tiempo, porque al final la tristeza es tanta que te impide seguir con el día que tienes por delante.

Y como siempre que ocurre una catástrofe como esta, pensé… no puedo vivir al margen de esto. Yo, que de normal, vivo bastante al margen de la vida en la calle, pensé que de alguna manera tenía que conectar con esas personas que están sin absolutamente nada. Luego te cuento lo que vamos a hacer en casa.


El caso es que lo que te quería decir es: no vivas al margen. Ayer jueves y hoy viernes me he encontrado con personas que era como si no fuera con ellas. Siguen su vida sin preguntarse ¿qué puedo hacer yo en esta situación? Y no te estoy hablando de dinero. Te hablo de prioridades. No puede ser que el jueves por la mañana tuviéramos cien muertos (mientras escribo son ya doscientos dos)  y mi prioridad por encima de todo sea celebrar Halloween.

De verdad que no quiero decir que estuvo mal si tú lo hiciste, porque no conozco tu vida ni tus circunstancias. 
Yo solo digo que se me hace un poco inhumano estar celebrando el día de los muertos con zombis y cadáveres de plástico cuando en España están muriendo centenas de personas por una catástrofe climática, como si no pasara nada. ¿De verdad a nadie se le ocurrió decir “se cancela Halloween, vamos a organizar una recogida de ropa y llevarla al punto de recogida más cercano”? Mientras policías, bomberos y protección oficial se dejan la vida (literalmente la vida, porque casi ni duermen) intentando sacar desaparecidos de entre los escombros, ¿vamos a hacer una fiesta de muertos vivientes? ¿Esa es nuestra prioridad?

No lo entiendo. Sé que la vida sigue y que hay que continuar. Pero una cosa es continuar con la vida y otra mirar hacia otro lado en una situación así e irme de fiestuki (y encima de muertos). No sé tú pero yo pienso que a veces las circunstancias de los demás me apelan a que cambie mis planes establecidos.

Te cuento lo que vamos a hacer en casa: hemos pensado que los niños que han sobrevivido a la dana van a tener unas navidades diferentes; a algunos les faltarán familiares, quizá sus propios padres o hermanos, y muy probablemente se encontrarán en una situación difícil. Voy a informarme de si por Navidad en algún sitio se organiza una recogida de juguetes para ellos (yo me veo incapaz de hacerlo por falta de medios). El caso es que, como creo que es algo que es bastante probable que se organice antes de Navidad, en casa vamos a hacer una revisión de los juguetes que hay y los que estén en buen estado, los vamos a donar. Es algo que hacemos periódicamente, pero este año vamos a poner el corazón más en ello.


El próximo sábado saldrá la newsletter que iba a salir esta semana. Supongo. Mientras no haya acontecimientos que justifiquen cambiar los planes.

Te espero en la próxima, si tú quieres.

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