El otro día vi un video en Instagram de Borja Adanero, CEO de The Power Business School, la escuela de negocios donde me formé en Marketing Digital cuando me di cuenta de que mi camino me llevaba al mundo online.
En ese video Borja dice, entre otras cosas, que el éxito empresarial es que tu empresa facture por lo menos 100 millones de euros al año. Como no podía ser de otra manera en la red social, la gente se le echó encima; decían que estaba haciendo de menos a las personas que no han llegado a ese nivel de facturación.
Y Borja Adanero tiene toda la razón y eso no significa que esté haciendo de menos a nadie; lo explica en su siguiente video: te puedes considerar una persona con éxito empresarial cuando tu empresa está entre las cinco o siete primeras en el sector. Si no estás ahí, eres una empresa más, que se distinguirá por lo que sea del resto, pero que está ahí, en el inmenso grupo de las empresas del sector.
¿Eso quiere decir que todos tengamos que tener nuestro objetivo en conseguir ser uno de los siete más grandes?
No.
Es más, es necesario que no sea así, porque si no, ya me contarás. La lucha entre los grandes ya es suficientemente titánica como para que, además, nos metamos todos en el mismo ring.
Entonces, Miren, si mi objetivo no está en ser uno de los grandes, ¿mi objetivo es menor?
Bueno, quizá sea menor en términos monetarios. Cuantitativamente menor. Vale.
El núcleo de todo esto es que somos personas, que no se completan solo con dinero. Nuestro ser personas no es un ser cuantitativo, sino cualitativo. Hay objetivos mucho más importantes que quizá (seguro) nos reporten menos dinero.
Para empezar está lo que de ninguna manera quieres hacer y dónde no quieres estar. Y no se trata solo de a qué no te quieres dedicar, sino más bien de qué tipo de vida no quieres llevar. Yo, por ejemplo, no quisiera ser de ninguna manera astronauta ni viajar al espacio. Esos viajes millonarios que se empiezan a hacer ahora en plan turista fuera de la atmósfera terrestre… va a ser que allí no me encontrarías nunca. Y no por lo que cuestan. No los quiero ni regalados.
También sé que no me gustaría tener una academia física, me refiero a aulas físicas con profesores contratados, etc etc. Hubo un momento en que me pareció buena idea. Pero ahora mismo sería más una carga que un trabajo ilusionante.
Y uno acaba por llegar a saber más o menos qué objetivos quiere llegar y qué le importa en la vida, empezando por lo que no quiere que ocurra y por qué.
Hay personas que nunca saldrán en Expansión ni en Forbes, y sin embargo, su éxito en la vida habrá sido rotundo. No será un éxito profesional. Será un éxito personal, que puede ser laboral o no.
La Madre Teresa de Calcuta vivió siempre entre la pobreza más pobre del mundo. De hecho, ella lo decía así: me dedico a los más pobres de entre los pobres: los que no tienen nada, ni siquiera dónde caer muertos; estigmatizados y rechazados por sus familias y la sociedad entera, nadie les mira a la cara.
La Madre Teresa de Calcuta vivió siempre entre la pobreza más devastadora. Sin embargo, su éxito fue internacional. La monja que vivía con mucho menos de lo necesario, fue Premio Nobel de la Paz en 1976, tuvo numerosos premios a lo largo de su vida y una vez falleció, fue nombrada Santa por el Papa Francisco en 2015. Cuando murió, el gobierno de India le organizó un funeral de estado (funeral especial dedicado a jefes de estado y presidentes).
Me da a mi que cuando Elon Musk muera, ningún gobierno le hará algo parecido.
Y hay más ejemplos, no creas. Mahatma Ghandi, Martin Luther King, Nelson Mandela… y los miles de personas que habrán llegado a un éxito personal abrumador en el más estricto anonimato y con el dinero justo para llegar a final de mes.
Pero esas personas… estaban donde querían estar. Creo que no hay éxito más arrollador que ese.
Una vez una profesora (era mi tutora de curso, además) nos hizo redactar un ejercicio titulado “Cómo me veo dentro de veinte años” o algo así. Fue un ejercicio que supuso en mi un antes y un después. Porque me puse a escribir de una manera casi febril, creyendo que iba a dejar boquiabierta a mi profe (a la que yo, además, admiraba). ¿Y sabes que me contestó cuando me lo devolvió? Me dijo: vuelve a redactarlo, y esta vez no te centres en QUÉ quieres ser, sino en QUIÉN quieres ser. De ahí el punto de inflexión que supuso aquel ejercicio.
Por eso, cuando pienses en términos de éxito o fracaso… piensa quién quieres ser tú, dónde quieres estar y qué te hace feliz.
Y nos vemos en la próxima, si tú quieres.
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