
Los talent shows nos están llenando la cabeza de una serie de imbecilidades que, de verdad te digo, la ñoñería de Mr. Wonderful se queda corta. Pero muy corta.
Ojo, que no hablo de todos los talents shows; de un tiempo a esta parte, en algunos de estos programas han introducido un miembro del jurado más “duro” que, gracias a Dios, pone un poco de cordura ante tanta tontería. Pero no en todos.
Y tampoco de los talents en los que los concursantes son personas ya conocidas, para los que este tipo de programas son un trabajo. Y muy digno, de verdad que si.
Me refiero a esos programas que USAN (sí, así, con mayúsculas y en neón) concursantes desconocidos, en los que les dicen que ese programa está buscando nuevas estrellas, y que ellos pueden ser esa “nueva estrella”.
En la mayoría de estos “buscadores de estrellas” se dicen unas lindezas…
Una de estas lindezas que suelen decir es que “hay que ser auténtico, hay que ser fiel a uno mismo, hay que perseguir los propios sueños”.
Hombre, ya. Hasta ahí llegamos todos.
Y no sería ninguna tontería si no fuera porque se lo están diciendo a una chiquita que ha decidido ponerse el mundo por montera, recorrer el mundo ella sola por su cuenta y riesgo, cantar en la calle con su guitarra (que, eso sí, la chica lo hacía muy bien, aunque tampoco era Eric Clapton, te tengo que decir) y vivir de lo que va ganando con su música callejera. Ahora tendrá, ¿qué?, ¿veinte años?. Que siga persiguiendo su sueño cantando por las calles del mundo. Claroooo. Cuando vayan pasando los años y ya no sea tan fácil vivir de la música callejera (lo digo por los montones de músculos que de repente descubres que tienes porque te duelen como cuchillos), cuando ya tenga arrugas y (te lo aseguro) ya no sea tan “inspiradora” para los que la contemplan ni un “ejemplo a seguir”, entonces, ¿qué será de ella? ¿En serio alguien en su sano juicio aconsejaría a una chica joven este “sueño” para un futuro feliz?
¿De verdad la están empujando a que ese sea su estilo de vida de aquí a la eternidad? Sepan ustedes que en este caso, la eternidad termina cuando llegan las arrugas, el cansancio, el hastío y ya “la aventura” no es tan emocionante.
Tampoco sería ninguna tontería si no se lo estuvieran diciendo a un tipo que ya no cumple los cuarenta y que canta peor que yo (conmigo diluvia, así que imagínate). Un tipo que ha decidido dejar su empleo estable para lanzarse a su “carrera musical”. Un tipo que no distingue entre notas más de lo que yo distingo las caras sin lentillas (o sea, nada).
Pero lo peor de todo esto no son esas personas en concreto (aunque me parece denigrante lo que hacen con ellas). Lo peor es que esos programas los ven millones de personas. Y ya no quiero ni pensar qué puede salir de todo esto en los millones de hogares que ven a estos lumbreras, a estas fábricas de ilusiones rotas y falsas expectativas.
Mejor no pensar.
Mejor desenchufar y no alimentar sus shares con nuestra cómplice atención.
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