
Angel Martín, uno de mis autores favoritos de textos interesantes, acaba de finalizar su informativo matinal de manera definitiva. Era un informativo de lo más interesante, solo duraba dos minutos, pero te quedabas con lo importante del día y parecía que te lo estaba contando tu mejor amigo. Pero no voy a eso.
Para explicar por qué cancela el informativo, una de las cosas que dice y que me parece que hay que transmitir con altavoces es: “Esto termina porque me inquieta mucho sentir que a causa de las redes e internet estamos empezando a perder la capacidad de ver quiénes somos y qué queremos realmente.
Creo que confundimos los logros de otros con lo que queremos nosotros”.
Y esto me ha hecho pensar. Cuántas veces, yo, que vengo de un mundo analógico, he caído en creer que eso que veo en las publicaciones es lo que quiero ser-tener-vivir yo. Y ya te digo que yo he nacido en un mundo absolutamente analógico, con lo que se supone que mi generación está un poco más vacunada ante tanto influencer desorientado.
Y si yo, que ya vengo con la vacuna por defecto, aunque solo sea por la edad, caigo en esto… ¿Cuántos jóvenes de hoy en día, cuando comienzan su andadura por las redes sociales como meros consumidores, caerán en esta confusión?
Así que hoy sólo quería transmitirte esto que nos dice Ángel: las redes sociales no son un espejo en el que mirarte. Los sueños de los que aparecen en redes, por otra parte perfectos desconocidos por nosotros, no son los tuyos. Ni las cosas que tienen ni las vidas que tienen. Para empezar, porque lo primero que habría que saber es qué porcentaje de toda esa apariencia es realidad. Porque que ellos lo muestren como algo maravilloso que les da la felicidad, no significa que tenga que ser la tuya.
No tengo muchos consejos que dar al respecto, solo te puedo contar lo que hago yo y lo que a mi me ha ayudado: intenta desconectar de las redes de verdad; es decir, que tu tranquilidad no dependa de si has podido abrir el Instagram o el TikTok cuando tenías una décima de segundo; si no poder hacerlo te genera ansiedad, atiende a eso porque es una señal de alarma.
Otro consejo: a la vez que apagas la voz de las redes sociales en tu cabeza, enciende esta otra voz: ¿yo qué quiero? ¿a mi qué me motiva? ¿cuáles son mis sueños? ¿qué hace que me levante cada mañana (aparte del despertador)?
Porque solo así tomarás conciencia de lo que tú quieres.
Pero sólo hay un modo de llegar a saber qué quieres, y es partir de la otra gran pregunta: ¿quién / cómo soy? Pero ésa, si quieres, la dejamos para el próximo día: claves para poder saber quién y cómo soy realmente.
Dejo ya la chapa. Un par de voces me han dicho que mejor si hago las newsletters un pelín más cortas. Eso va a ser difícil, te lo digo desde ya mismo, porque si algo me cuesta es ser breve. Aquí cada uno tiene su pedrada, pero en ello estamos.
Y nos vemos en la siguiente, si tú quieres.
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