¿¿Quién eres??

Imagen (editada) de Pexels en Pixabay

¿Y tú quién eres? ¿Eres el pijo o  la pija? ¿Eres el empollón o la empollona? ¿Eres el chungo o la chunga? Quizás seas el/la friki, el rarito o la rarita o el/la pro. O quizá seas totalmente anodino/a, sin ningún matiz que te pueda incluir en un grupo u otro.

O quizá no seas ninguno de ellos porque tienes un poquito de cada uno en mayor o menor medida, no en todos igual. Hay gente que es un 80% chungo, un 3% rarito y el resto es anodino. Y hay gente que es un 80% cool pero tiene un 10% chungo que cuidadín.

O quizá hay días que te levantas muy pro, pero al día siguiente estás pana floja literal.

O te levantas muy chungo pero a medida que avanza el día te vas volviendo un poco más pro.

O quizá ninguna de todas estas cosas y todas a la vez.

Pero, tú lo sabes, yo lo sé y el universo entero lo sabe, tienes una etiqueta. Y aunque no tenga nada que ver contigo, con el/la que eres por dentro de verdad, sabes que la llevas colgada a la espalda y no hay manera de quitártela de encima.

Es lo que tienen las etiquetas. Las que te ponen a ti, las que pones tú a los demás: impiden que conozcamos a la persona de verdad, cómo es genuinamente. 

Si es esto lo que te pasa, sólo tengo una recomendación que hacerte: cambia de gente. Porque quien te conoce y reconoce en una simple etiqueta ni te conoce ni, lo que es mucho peor, tiene interés en conocerte.

Las personas que ponen etiquetas o admiten sin discusión las etiquetas que ponen otros no se merecen tu compañía. Punto. Y esto, sin discusión.

Tú, y yo y cualquiera valemos mucho más que una etiqueta.

A veces no podemos sacudirnos a la gente de encima por la simple razón de que trabajan en el mismo lugar que uno (compañeros de clase, compañeros de trabajo, lo mismo da); pero mándate este mensaje a ti mismo: algún día dejaré de ver la cara de esta persona; algún día volaremos de aquí y cada uno irá por un camino diferente; ese día no volverás a verme… (aquí puedes poner el calificativo que tú quieras, que está feo que lo haga yo).

Mientras tanto, intenta evitar a esas personas, invisibilízalas; porque las invisibles deben ser ellas/os, no tú.

Te ahorrarás mucha frustración gratuita y mucha rabia que luego se convierte en odio. Las etiquetas son parches, y los parches son para las mochilas, no para las personas.

Y cuando salgas al mundo laboral, al mundo abierto fuera de un aula, te darás cuenta que la gente es bastante más flow libre y más no labels.

Mientras tanto, tú y yo nos veremos, si tú quieres, en la siguiente.

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos

¿Cuál será tu éxito?

Imagen (editada) de Anup Panthi en Pixabay

El otro día vi un video en Instagram de Borja Adanero, CEO de The Power Business School, la escuela de negocios donde me formé en Marketing Digital cuando me di cuenta de que mi camino me llevaba al mundo online.

En ese video Borja dice, entre otras cosas, que el éxito empresarial es que tu empresa facture por lo menos 100 millones de euros al año.  Como no podía ser de otra manera en la red social, la gente se le echó encima; decían que estaba haciendo de menos a las personas que no han llegado a ese nivel de facturación. 

Y Borja Adanero tiene toda la razón y eso no significa que esté haciendo de menos a nadie; lo explica en su siguiente video: te puedes considerar una persona con éxito empresarial cuando tu empresa está entre las cinco o siete primeras en el sector. Si no estás ahí, eres una empresa más, que se distinguirá por lo que sea del resto, pero que está ahí, en el inmenso grupo de las empresas del sector.

¿Eso quiere decir que todos tengamos que tener nuestro objetivo en conseguir ser uno de los siete más grandes? 

No. 

Es más, es necesario que no sea así, porque si no, ya me contarás. La lucha entre los grandes ya es suficientemente titánica como para que, además, nos metamos todos en el mismo ring.

Entonces, Miren, si mi objetivo no está en ser uno de los grandes, ¿mi objetivo es menor? 

Bueno, quizá sea menor en términos monetarios. Cuantitativamente menor. Vale. 

El núcleo de todo esto es que somos personas, que no se completan solo con dinero. Nuestro ser personas no es un ser cuantitativo, sino cualitativo. Hay objetivos mucho más importantes que quizá (seguro) nos reporten menos dinero.

Para empezar está lo que de ninguna manera quieres hacer y dónde no quieres estar. Y no se trata solo de a qué no te quieres dedicar, sino más bien de qué tipo de vida no quieres llevar. Yo, por ejemplo, no quisiera ser de ninguna manera astronauta ni viajar al espacio. Esos viajes millonarios que se empiezan a hacer ahora en plan turista fuera de la atmósfera terrestre… va a ser que allí no me encontrarías nunca. Y no por lo que cuestan. No los quiero ni regalados.
También sé que no me gustaría tener una academia física, me refiero a aulas físicas con profesores contratados, etc etc. Hubo un momento en que me pareció buena idea. Pero ahora mismo sería más una carga que un trabajo ilusionante.
Y uno acaba por llegar a saber más o menos qué objetivos quiere llegar y qué le importa en la vida, empezando por lo que no quiere que ocurra y por qué. 
Hay personas que nunca saldrán en Expansión ni en Forbes, y sin embargo, su éxito en la vida habrá sido rotundo. No será un éxito profesional. Será un éxito personal, que puede ser laboral o no.
La Madre Teresa de Calcuta vivió siempre entre la pobreza más pobre del mundo. De hecho, ella lo decía así: me dedico a los más pobres de entre los pobres: los que no tienen nada, ni siquiera dónde caer muertos; estigmatizados y rechazados por sus familias y la sociedad entera, nadie les mira a la cara.

La Madre Teresa de Calcuta vivió siempre entre la pobreza más devastadora. Sin embargo, su éxito fue internacional. La monja que vivía con mucho menos de lo necesario, fue Premio Nobel de la Paz en 1976, tuvo numerosos premios a lo largo de su vida y una vez falleció, fue nombrada Santa por el Papa Francisco en 2015. Cuando murió, el gobierno de India le organizó un funeral de estado (funeral especial dedicado a jefes de estado y presidentes).

Me da a mi que cuando Elon Musk muera, ningún gobierno le hará algo parecido. 

Y hay más ejemplos, no creas. Mahatma Ghandi, Martin Luther King, Nelson Mandela… y los miles de personas que habrán llegado a un éxito personal abrumador en el más estricto anonimato y con el dinero justo para llegar a final de mes.

Pero esas personas… estaban donde querían estar. Creo que no hay éxito más arrollador que ese.  

Una vez una profesora (era mi tutora de curso, además) nos hizo redactar un ejercicio titulado “Cómo me veo dentro de veinte años” o algo así. Fue un ejercicio que supuso en mi un antes y un después. Porque me puse a escribir de una manera casi febril, creyendo que iba a dejar boquiabierta a mi profe (a la que yo, además, admiraba). ¿Y sabes que me contestó cuando me lo devolvió? Me dijo: vuelve a redactarlo, y esta vez no te centres en QUÉ quieres ser, sino en QUIÉN quieres ser. De ahí el punto de inflexión que supuso aquel ejercicio. 
Por eso, cuando pienses en términos de éxito o fracaso… piensa quién quieres ser tú, dónde quieres estar y qué te hace feliz.

Y nos vemos en la próxima, si tú quieres.

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos


Cambios de planes

Imagen de orythys en Pixabay

La newsletter que estaba programada para salir hoy no sale hoy. No puede salir hoy. Y no sé si saldrá la semana que viene porque ya veremos cómo evolucionan las cosas. 

El jueves 31 (Halloween para más señas) puse las noticias a las siete de la mañana, como cada día. Me había acostado el día anterior con mi España en paz, con los problemas de siempre y los políticos dando mucho la vara con sus cosas y preocupándose muy poco por las de los demás (unos y otros). Vamos, España como una noche más, todo normal.

Y el jueves pongo las noticias. Y un paisaje dantesco se reveló en la pantalla; veinte muertos en unas inundaciones por una dana en Valencia. Rápidamente se me vinieron a la mente todas las personas que quiero y que viven por esos lares. Empecé a mandar audios preguntando si estaba bien (se me olvidó una amiga mía, porque como es de Donosti y yo la conocí viviendo en Pamplona las dos, en mi cabeza siempre la ubico en el Norte). Bueno, el caso es que todos los que yo conocía estaban bien. Luego pusimos mensaje a la familia que tenemos en Cataluña porque oímos que la dana se aproximaba hacia allá, y también estaban todos bien.

Pero había mucha, muchísima gente, que no estaba nada bien. Y aunque no sean amigos o familia, son mis compatriotas. Y los quiero.

Los muertos iban en aumento, las dificultades, cada vez mayores, y el resto de España ya estaba organizándose para poder ayudar a la zona de la tragedia. Como cada vez que ocurre una tragedia de esta envergadura, decidí que pondría las noticias en tres momentos del día concretos (mañana, mediodía y noche) para escuchar la última hora de la información, unos diez minutos es suficiente, y apagar la tele el resto del tiempo, porque al final la tristeza es tanta que te impide seguir con el día que tienes por delante.

Y como siempre que ocurre una catástrofe como esta, pensé… no puedo vivir al margen de esto. Yo, que de normal, vivo bastante al margen de la vida en la calle, pensé que de alguna manera tenía que conectar con esas personas que están sin absolutamente nada. Luego te cuento lo que vamos a hacer en casa.


El caso es que lo que te quería decir es: no vivas al margen. Ayer jueves y hoy viernes me he encontrado con personas que era como si no fuera con ellas. Siguen su vida sin preguntarse ¿qué puedo hacer yo en esta situación? Y no te estoy hablando de dinero. Te hablo de prioridades. No puede ser que el jueves por la mañana tuviéramos cien muertos (mientras escribo son ya doscientos dos)  y mi prioridad por encima de todo sea celebrar Halloween.

De verdad que no quiero decir que estuvo mal si tú lo hiciste, porque no conozco tu vida ni tus circunstancias. 
Yo solo digo que se me hace un poco inhumano estar celebrando el día de los muertos con zombis y cadáveres de plástico cuando en España están muriendo centenas de personas por una catástrofe climática, como si no pasara nada. ¿De verdad a nadie se le ocurrió decir “se cancela Halloween, vamos a organizar una recogida de ropa y llevarla al punto de recogida más cercano”? Mientras policías, bomberos y protección oficial se dejan la vida (literalmente la vida, porque casi ni duermen) intentando sacar desaparecidos de entre los escombros, ¿vamos a hacer una fiesta de muertos vivientes? ¿Esa es nuestra prioridad?

No lo entiendo. Sé que la vida sigue y que hay que continuar. Pero una cosa es continuar con la vida y otra mirar hacia otro lado en una situación así e irme de fiestuki (y encima de muertos). No sé tú pero yo pienso que a veces las circunstancias de los demás me apelan a que cambie mis planes establecidos.

Te cuento lo que vamos a hacer en casa: hemos pensado que los niños que han sobrevivido a la dana van a tener unas navidades diferentes; a algunos les faltarán familiares, quizá sus propios padres o hermanos, y muy probablemente se encontrarán en una situación difícil. Voy a informarme de si por Navidad en algún sitio se organiza una recogida de juguetes para ellos (yo me veo incapaz de hacerlo por falta de medios). El caso es que, como creo que es algo que es bastante probable que se organice antes de Navidad, en casa vamos a hacer una revisión de los juguetes que hay y los que estén en buen estado, los vamos a donar. Es algo que hacemos periódicamente, pero este año vamos a poner el corazón más en ello.


El próximo sábado saldrá la newsletter que iba a salir esta semana. Supongo. Mientras no haya acontecimientos que justifiquen cambiar los planes.

Te espero en la próxima, si tú quieres.

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos


El plan B

Imagen de decrand en Pixabay

Las cosas no siempre salen como nosotros pensábamos que iban a salir. Y a veces esto ocurre en cosas sin importancia: pierdes un tren, las entradas para aquel concierto están agotadas o se te olvidó comprar el material para la actividad del cole de mañana y ya está todo cerrado. Son cosas que fastidian un poco la vida pero que tampoco es que nos aniquilen la existencia.

En estos casos, ¿qué hace tu cerebro, aunque tú no te des cuenta?

Tu cerebro busca un plan B: voy a ver si hay algún autobús a esta hora, iré a ver a ese grupo en otra ocasión o iré a ver a otro grupo, a ver si pillo algo abierto antes de entrar en el cole (siempre hay un bazar a mano). Y ya está, el organizador de planes B que tenemos en el cerebro nos salva de llegar tarde, de aburrirnos o de quedar fatal en clase.

La cosa es que estas ocasiones, aparentemente sin importancia, son muy importantes y necesarias. Por dos razones: la primera es que tu cerebro aprende a frustrarse (esto quiere decir que vas teniendo cada vez más aguante para las pequeñas mierdecillas que nos pasan cada día); en términos de psicología se llama resistencia a la frustración; vamos, que te vas haciendo resistente a que te pasen estas cosas, te vas haciendo roca por dentro (¿me explico?).
La segunda, es que es un gran entrenamiento para cuando llegan esas mierdecillas pero tamaño Estatua de la Libertad.

Imagina ahora una persona que nunca ha tenido que luchar con ese tipo de cosas; nunca ha perdido un bus, ni un tren ni un metro; nunca ha llegado tarde a ningún sitio; nunca se ha perdido nada de lo que quería hacer en sus ratos de ocio; siempre ha estado donde quería estar pasándoselo bien; siempre ha quedado como persona responsable en su cole o su insti. Nunca ha tenido que aguantarse las ganas de llorar de impotencia por algo que ha salido mal o que no ha salido, nunca ha tenido que aguantarse las ganas de pegar un grito o dar un puñetazo a la mesa o a lo que tuviera cerca y jamás se ha quedado sin internet mientras jugaba online por un fallo del router.

Ahora imagina que esa persona quiere hacer, pongamos por caso, Medicina. Y, por lo que sea… porque llegó tarde al examen de acceso, porque no le daba la nota, porque se le olvidó cuándo era el último día para matricularse… puede haber mil motivos (aquí la que escribe un año casi se queda sin matrícula por ir el último día de plazo a hacerla). El caso es que… ups, no entró en Medicina.
¿Cómo crees que lo llevará? ¿Una persona que nunca ha tenido que lidiar con la frustración y la contrariedad? ¿Te lo cuento? Su cerebro no será capaz de elaborar un plan B y necesitará que otros, generalmente sus padres, le saquen las castañas del fuego o le arreglen el desaguisado. Y tendrán que hacerlo porque su cerebro estará colapsado ante una tarea para la que no se ha entrenado nunca: elaborar un plan B ante una frustración.

Pero es que además hay una tercera razón por la que es importante tener frustraciones; ¿no te ha pasado nunca que has hecho cosas, ya sean viajes, planes, o simplemente, leer un libro, que han resultado absolutamente fascinantes, y que si no hubiera sido por que era un plan B no las hubieras hecho nunca? ¿Y que si no hubiera sido porque algo te salió mal o simplemente no te salió, te hubieras perdido algo realmente increíble? Pues con las cosas importantes pasa lo mismo. 

Las empresas de gran éxito empresarial, son lo que son gracias a sus numerosos “planes B” que sus fundadores y sucesivos CEO’s han sido capaces de poner en marcha.

Johnny Depp, el inolvidable Jack Sparrow y unos cuantos personajes más, a cuál más icónico, no es actor porque fuera su primera elección. El, en realidad, quería ser guitarrista; de hecho, tiene una banda, Hollywood Vampires; pero cuando empezó no tuvo el éxito que esperaba; sin embargo, en cuanto empezó a hacer castings para películas, tuvo una respuesta muy positiva; parece que se le daba mejor ser actor que músico; ¿qué hizo?: desarrollar su faceta como actor, que le ha reportado muchísimo éxito y dejar la guitarra como un hobby. Y ser feliz y disfrutar de ambas cosas.
Así que nunca se sabe lo que sacarás de positivo de una negación o una frustración. Quizá el resto de tu vida se beneficie de ello. 

Tú, mientras tanto, entrénate como “planeador o planeadora B de cosas que salen mal”, y prepárate para el futuro.

Y mientras ese futuro llega, nos vemos en la próxima, si tú quieres.

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos 

¿Dónde están?

Imagen de Tom und Nicki Löschner en Pixabay (editada)

Me había dicho a mi misma que esta Newsletter, o blog, o como quieras llamarlo, iba a ser para animarte, motivarte e inspirarte contándote cosas que me llegan de otros. Pero hay semanas en que no puedo; sencillamente porque pasan cosas que me recuerdan a cosas que pasaron y veo que vamos por el mismo derrotero; y me digo, esto no les puede pasar a mis chicos ni a mis chicas.
Otra vez no.

Huelga.

Huelga estudiantil.

Te cuento una cosa: vengo de una generación que, en 1990, hizo una huelga de estudiantes nacional mucho más ruidosa que lo que están haciendo estos días. Hubo movilizaciones en todo el país; manifestaciones, cortes en las autopistas (imaginaos la “alegría” de los camioneros que no podían llevar sus mercancías a destino a tiempo porque a los niños se les había ocurrido que no querían presentarse a la Selectividad)… en fin, sonado.

Algunos alumnos rebeldes decidimos que íbamos a seguir acudiendo a clase. Porque la rebeldía siempre ha sido hacer lo contrario de lo que hace la mayoría; y la mayoría hacían huelga. Y la vida siguió al margen de las protestas, los temarios se fueron explicando mientras la mayoría se sentaba en la autopista, y la Selectividad se llevó a cabo exactamente igual que siempre.

Entonces fue cuando descubrí el engaño tremendo que constituían los sindicatos de estudiantes, y lo insultante que resulta ante los sindicatos laborales de verdad que se parten el cobre por conseguir que los derechos de las personas trabajadoras no sean suprimidos en las empresas.

Y te cuento por qué: porque los trabajadores que van a la huelga pierden su sueldo diario cada vez que dejan de ir a trabajar para luchar por sus derechos. Cada vez que hacen una huelga, arriesgan su puesto de trabajo, porque ninguna empresa quiere huelguistas en sus filas.

Y arriesgan su salario, con el que sostienen a sus familias, porque aquello que están reivindicando es algo que realmente se merecen por el mero hecho de ser personas trabajadoras.

Los estudiantes, ¿qué arriesgan ellos? ¿Alguien les va a negar una convocatoria de examen? ¿Van a poner en peligro algo de lo que dependa directamente su sustento, el suyo y el de su familia? 

Hace unos meses vivimos en nuestro país las movilizaciones de los agricultores. ¿De verdad hay alguien que piensa que es algo comparable a un montón de chicos y chicas que deciden no ir a clase porque la EvAU no les parece bien? ¿En serio? ¿Tú crees que si les preguntáramos uno a uno a los estudiantes que no van a los institutos qué reforma de la EvAU se está exigiendo, sabrían responder?

¿Y sabes por qué? Porque lo único que buscan, lastimosamente, es dejar de ir a clase. Ya está. A esto se reduce todo. A unos pocos, les sirve de entrenamiento para saber lo que harán el día de mañana cuando entren en contacto con un sindicato de verdad y cómo funcionan los sindicatos. Les enseñan a lanzar consignas pegadizas y a poner cara de “aquí estoy yo”; pero luego sus vidas seguirán en el mismo nivel de comodidad que ha ido teniendo hasta este momento. En realidad, la calidad de la enseñanza en nuestro país les importa muy poco. ¿Te lo demuestro? Ahí va:

¿Dónde están los sindicatos de estudiantes cuando hay un caso de acoso escolar en un centro, para defender a la víctima?

¿Dónde están los sindicatos de estudiantes cuando hay abusos sexuales en los centros, para exigir medidas de seguridad?

¿Dónde están cuando hay ausencias prolongadas de profesores sin sustitución a la vista, para asegurarse que la calidad de su formación no va a verse menoscabada?

¿Dónde están cuando en un centro no hay rampas ni accesos adaptados para personas de movilidad reducida?

¿Dónde están, en fin, cuando de lo que se trata es de exigir una educación de secundaria al nivel de las exigencias del mercado laboral? ¿Cuándo han exigido que se realicen trabajos interactivos en clase, en lugar de largas sesiones magistrales en las que solo hay que escuchar? ¿Cuándo han exigido trabajar y estudiar más?

¿Y sabes cómo se consigue eso? Sólo hay una manera: estudiando, yendo a clase, haciendo preguntas, formandonos para ser los mejores profesionales del futuro (en lo que sea), exigiendo al profesorado que enseñe mejor, exigiendo a nuestros compañeros de curso que sean buenos compañeros de curso; es decir, siendo persona incómodas.

Y eso está muy lejos de lo que hacen los sindicatos de estudiantes en estas huelgas.

Perdóname si esperabas otro tipo de newsletter hoy. No me he podido resistir. Te prometo que la próxima volverá a su habitual tono.

En la pŕoxima… si tú quieres.

Miren

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos 

¡¡¡Ya estamos aquí!!!

Imagen de Didgeman en Pixabay

Me encantaría poder preguntaros a cada uno y a cada una qué tal ha ido el verano, y que esto fuera una quedada en grupo para ponernos al día unos de otros. 

Pero bueno, como eso no puede ser (al menos por ahora), voy a expresar un par de ideas que tenía en la cabeza cuando me puse a pensar qué iba a escribir yo en la primera entrega de la newsletter de este curso. Tengo muchas ideas, pero la primera del curso es algo así como “eh, qué tal te va, cuánto tiempo sin verte, cómo te ha ido” y cosas del estilo.

Y si, hay dos ideas importantes que quería contarte.

La primera es que el verano que hayas tenido no define el grado de tu felicidad. 

Me explico: cuando comienza el curso, en muchos centros les da por empezar a preguntar a los alumnos (en voz alta y delante del resto de la clase) cómo ha ido el verano. Y parece (y ojo, que digo parece) que todo el mundo ha hecho unos planes increíbles: veraneos en la playa, campamentos alucinantes (en inglés, en alemán o en español de España) donde parece (y, ojo, que vuelvo a decir parece) que todo el mundo se lo ha pasado en grande y no ha habido ningún mal día por ningún lado; viajes a Italia, Grecia, Estado Unidos o Tailandia (¿qué manía le ha dado a la gente con Tailandia?), o por lo menos una ruta por la costa española del norte, del sur, o del este, da igual; y parece (aviso, tercera vez que uso el verbo parece) que si tú no has ido a un parque temático o de atracciones multinacional, o no te has tirado por una cascada o no has atravesado un barranco… pues no has tenido verano.

Mira, no. También estamos los que no hemos salido de nuestro pueblo en todo el verano, hemos ido a la piscina municipal porque es lo que había y nuestro parque temático ha sido un libro, una peli, una serie, un videojuego o los cuatro amigos que nos hemos quedado en el pueblo o la ciudad; parece que solo nosotros hemos pasado calor (la palabra no sería calor, sería infierno abrasador), hemos sudado como pollos (con perdón de la imagen tan prosaica) y a veces, hasta nos hemos aburrido. 

Pero es que… no se trata de a ver quién hace el plan más impresionante (y más caro, por cierto, que a veces da la sensación de que solo se reduce a eso). Se trata de DESCANSAR: cambiar la rutina, dormir un poco más (¡un poco!), de estar más ratos con los amigos (risas, conversaciones), de ver esa peli o leer ese libro o pasarte ese videojuego que no has podido durante el curso, tomarte una limonada en plan relax o simplemente dormitar la siesta que nunca te puedes permitir. Ese no estar pendiente del reloj. Si eso no es felicidad, ven y cuéntame qué es. 

¿Que el resto de los planes de los demás son muy guays? (Creo que guay es una palabra que debería empezar a dejar de emplear, pero es que describe muy bien lo que quiero expresar) Quizá sí. Pero los planes son, eso, planes. Aquí, lo importante es quién hace el plan y si le hace feliz, si lo disfruta y si lo vive plenamente, cosa que, con bastante frecuencia, esos otros planes dan más quebraderos de cabeza que otra cosa. Que tu campamento eres tú y los tuyos. Quédate con eso.

La segunda idea: no te pongas frenos. Quita el pie del pedal del freno. Estamos en octubre, es ahora cuando se sacan las notas brillantes, lucha desde ya por lo que quieres. Mira, este finde he tenido una experiencia muy negativa. Tanto que me ha supuesto un enfado del tres, un enfado que me ha durado dos días, no te digo más. Un grupo de padres y madres estamos sin pediatra en varios pueblos a la redonda. Y claro, las quejas se oyen por todas partes: en el parque, en la calle, en el cole… El sábado pasado hubo una concentración de padres y madres exigiendo una sanidad digna para nuestros peques, era el sábado a la una. Mala hora: el partido del niño, el vermut, la comida en casa de la abuela, el torneo de tenis, … ¿sabes cuántas personas estábamos en la concentración (de cuatro pueblos)? Pues estaríamos unas cincuenta personas. Vergonzoso, ¿verdad? Pero es que para ir, había que renunciar a cosas.

Esto no nos puede pasar a nosotros con el curso; vamos a luchar desde el primer día, vamos a estudiar, a hacer planificaciones de trabajos, de estudio, a hacer un horario exigente… ¡vamos a por todas!. Pero desde el minuto cero. Porque luego quejarse por los pasillos de casa, del insti o del cole no vale. 

¿Tendremos que renunciar a cosas? Sí, así es, tendremos que hacer pequeña renuncias. ¿Merece la pena? Desde ya te digo que SI. Porque es nuestro futuro el que está en juego. ¿Conformismo?… ¡NO! ¿Determinación?… ¡¡SI!!

Así que…a por todas. Prometo estar aquí siempre que lo necesites.

Te veo en la próxima, si tú quieres.

Miren

#Newsletter #BoletínSemanal #Suscríbete #NoticiasDirectoATuCorreo #NuevaEdición #ContenidoExclusivo #Conversaciones #Hablemos 

Cada vez es un logro

… y terminamos el curso. Ganas, ¿verdad? Las dos últimas semanas han sido muy intensas (de hecho, ha sido imposible seguir la newsletter). Estas semanas, tanto para los que trabajamos en la enseñanza como para los alumnos y las familias de los alumnos, son muy muy potentes. Terminamos para el arrastre.

Y, por supuesto, llegan las enhorabuenas y las felicitaciones para los que se gradúan, los que pasan de ciclo, los que tienen premios de fin de ciclo,

los que ganan medallas, los que cubren con honores el ciclo que han estado recorriendo todo este curso. En resumen, para los que tienen éxito.

Y nadie dice nada a los alumnos que no se gradúan, los que no han conseguido pasar de curso, los que no han tenido grandes notas, los que finalmente suspenden o, incluso, dejan el recorrido académico ya por imposible. Por lo que sea.

A estos últimos me quiero dirigir hoy. Si tú eres uno de los que ha suspendido después de mucho esfuerzo, de mucho estudiar, si eres de los que no ha conseguido pasar de curso o de ciclo, si eres de los que ha dicho “hasta aquí hemos llegado” y ha dejado los libros colgados para ponerse a trabajar… escúchame.

Lo primero que quiero decirte es: ahora empiezas. Porque probablemente piensas que te has quedado sin opciones, o que tus opciones son las “menos válidas”. Pero es que lo que no te cuentan es que TODAS las opciones son válidas. Que no hay unas más y otras menos válidas. Porque aquí, las que son válidas, son las personas. Y tú, hagas lo hagas, vaya tu vida por los derroteros que vaya, eres una persona válida. Porque tu validez como persona no depende del grado académico de tus estudios, sino de la calidad humana que haya dentro de ti. Y cada vez que empiezas una opción, empiezas otra vez tu vida. 

Pero es que, además, en tu boletín de notas, donde podría haber observaciones, falta una información importantísima: lo que este año has conseguido. Porque estoy segurísima que has conseguido logros muy importantes, aunque no sean evaluables académicamente: has conseguido vencer obstáculos que nadie o pocos conocen (una enfermedad propia o de alguien querido, un fallecimiento, un proceso doloroso de algún tipo, no te digo ya nada si tienes unas dificultades severas para mantener unas relaciones sociales estables; o si tus dificultades de aprendizaje hacen que el camino sea complicado y cansado). Estas dificultades no son visibles; las ves tú y los más cercanos, pero están ahí.

Debes tener en cuenta que tus propios obstáculos son tus logros; porque eres tú el que los lleva a la espalda y el que camina con ellos; cada paso que das, es un logro. A veces, nadie se imagina cuańto de logro puede tener un suspenso. A veces un suspenso en las notas conlleva un sobresaliente en la vida; y esto es lo que te tiene que importar. Cada paso que has dado: cada día que te has puesto delante de los libros a tu hora, cada minuto que has perseverado sin cerrar el libro, cada trabajo que has entregado, cada día que has salido de casa y has ido a tu centro escolar (que al fin y al cabo, es el lugar de tu trabajo); cada día que has vuelto a casa y has pensado “mañana lo haré mejor”; cada vez que has abierto tu agenda escolar y has apuntado una tarea o un examen o lo que sea; cada vez que has ido a una clase particular con la mejor de tus intenciones de entender lo que te van a explicar. 

Cada vez.

Cada vez es un logro.

Lo importante en la vida no es tener títulos, sino hacer de tu vida un servicio a los demás haciendo algo que te guste y que te haga feliz, en el área que sea y desde el puesto que sea. Es lo único que cuenta. A veces el tipo de trabajo no lo elige uno, pero a la larga, uno disfruta haciendo ese trabajo. Y entonces… no querrás hacer otra cosa.

Espero que tengas un feliz verano. En principio, no tengo previsto escribir newsletters durante julio y agosto porque, seamos sinceros, en verano siempre hago muchas menos cosas de las que me propongo; así que he decidido ser realista, porque si no luego tengo sentimientos de “no he hecho esto / no he hecho lo otro / no he hecho lo de más allá”. Y no hay necesidad. Así que, en principio, no habrá newsletter. Que esto no significa que estos meses me pasen cosas o vea cosas o escuche cosas o lea cosas que me parezca que las tengo que transmitir, y entonces escriba algo por aquí. Así que vamos viendo.

Así que te deseo un buen verano, que te lo has ganado. Con trabajo, con horarios, pero en verano siempre es todo más relajado. Ya el hecho de que no haya horarios escolares es un alivio.

Y te veo en la próxima, si tú quieres.

Miren

Imagen de Big_Heart en Pixabay

¿Cuánto hace que no se lo dices?

Te leo lo que ha escrito Angel Martín Gómez en su newsletter, que me parece imperdible, y te lo quería transmitir: 

Ayer murió un amigo.

(…)Yo sólo me cuelo para sugerirte que cuando las emociones empiecen a solidificar tu sangre, escribas, y que no dejes lo de recordar a cierta gente que la quieres para más adelante.

(—) Supongo que hay un poco de egoísmo detrás de estas letras y necesito que los dos imbéciles que han decidido largarse antes de tiempo, sepan que, entre otras muchas cosas, consiguieron que yo deje por escrito que casi consiguen que le escriba a un muerto pidiendo “ve a buscar a este otro muerto”.


 La vida es un viaje. Pero de eso hablaremos otro día. El caso es que en ese viaje tenemos compañeros de viaje, unos son elegidos por nosotros y otros nos los elige el mismo viaje: nuestra familia. A unos los queremos más, a otros menos, a otros nada (qué le vamos a hacer, seamos honestos con nosotros mismo, al menos).

Pero vamos a centrarnos en las personas que sí queremos. ¿Cuánto hace que no se lo dices? Los que vivís con vuestros padres, ¿cuánto hace que no le decís a vuestra madre o a vuestro padre “te quiero”? Los que ya no vivís con ellos, ¿cuánto hace que no se lo decís? 

“Es que discutimos mucho, Miren” “Es que siempre está metiéndose en donde no le llaman”. “Es que no me entiende”. “Es que le gustaría que fuera de otra manera” “Es que …”

Excusas.

Claro que se meten donde no les llaman; es una función por defecto del programa “Madre.exe/Padre.exe”. No lo puedes desactivar. Si lo desactivas, desconfiguras el programa por completo, y ya no puede realizar ninguna otra función programada. Y además es una función que se actualiza cada vez que tú das un paso en la vida: que si empiezas una carrera, que si consigues un trabajo, que si empiezas una relación seria, que si te falla una relación, que si te vas de casa, que si tienes hijos (para qué quieres más)… Si desactivas la función “meterse donde no le llaman”, el programa deja literalmente de funcionar. 

Así que, déjate de monsergas y acércate a tus padres (a cada uno por separado mejor, que será menos raro), y diles “te quiero”. 

  • “Es que suena moñas”.  – Aquí, lo de ser moñas, lo llevas tú dentro. Un poco de ñoñería de vez en cuando (hombre, no te intoxiques de azúcar), no nos viene nada mal.
  • “Es que le va a parecer raro”. – De eso, la culpa la tienes tú. Dile que no estás buscando nada en concreto, que solo quieres decirle “te quiero” y que se vaya acostumbrando, que esto va a ser más habitual de lo que ha sido hasta ahora.
  • “¿Y si no le gusta?” – Que se aguante.  Te digo una cosa, si parece que no le gusta es porque le está afectando más de lo que le gustaría admitir. Vamos, que le llega. 
  • “Es que…” – Que se lo digas. Y punto. Ya. Coge el teléfono, anda. O espera a estar en casa. Antes de que sea tarde.

Espero que tengas un finde fantástico. Yo lo tengo: llenito de clases, preparando con alumnos los últimos exámenes; alumnos repletos de ganas. Estamos en la última evaluación, y eso se nota. Disfruta de tu finde, que ya te lo has ganado.

Y nos vemos en la próxima, si tú quieres.

Miren

Imagen de Kris en Pixabay

Te lo aseguro: puedes

Te voy a contar una historia personal. No era la idea que tenía cuando comencé el blog, pero creo que hoy puede servir, dado el tiempo escolar que estamos viviendo (estos dos últimos meses del curso siempre son un suplicio, para qué nos vamos a engañar).
Yo soy de la generación que hizo EGB, BUP y COU. Por si no te suena, EGB correspondía a lo que hoy sería desde 1º de Primaria hasta 2º de la ESO; BUP era 3º, 4º de ESO y 1º de Bachillerato de hoy; y lo que hoy es 2º de Bachillerato, entonces era COU (Curso de Orientación Universitaria).

Es decir, que cuando yo pasé al instituto, ya tenía 14 años; pasé de un colegio en el que había dos aulas por curso, a un instituto en el que había unas diez aulas por curso, donde los profesores eran “otro nivel”. Venía de un cole en el que había tareas diarias (no habré hecho yo mapas de España, no, ni resúmenes ni mapas conceptuales de naturales) y llegaba a un instituto en el que nadie te ponía tareas, en el que ya se suponía que tú estudiabas por tu cuenta cada día, y por supuesto, nadie te preguntaba qué te pasaba el día que tenías mala cara. Eran otros tiempos: los padres no iban al instituto para nada (creo que mis padres no lo pisaron en la vida, ni siquiera para matricularme, porque me matriculé yo), no había tutorías (a no ser que hubieras incendiado algo) y si no ibas a clase ya intentábamos que el famoso parte de faltas desapareciese de la mesa del profesor. 

Imagínate semejante paraíso de libertad para una quinceañera con problemas en casa (todos tenemos problemas, Miren; no, no; los míos eran nivel premium), con escasa habilidad social, cero destrezas físicas, una percepción de la realidad muy distinta a la de la mayoría, caos mental, rabia, la rebeldía por bandera y una nula capacidad de organización. Es decir: una bomba de relojería en un campo lleno de agujeritos para taparla.

Te puedes hacer una idea de que no era, precisamente, la popular del insti; ni del insti, ni de la clase, ni de mi grupo de amigos. Fuera de mi casa era invisible.  

En este caldo de cultivo también te puedes imaginar que las notas no eran para lanzar cohetes. En primero de BUP me cargué todo el curso; conseguí pasar a segundo con dos asignaturas pendientes; a partir de ahí, mi vida se convirtió en una auténtica lucha titánica contra el “no suspender”; mi máxima meta era conseguir pasar los exámenes, eso ya me suponía un alivio. 

En todo este jaleo interno que me traía yo, tuve algunos profesores a los que les debo perlas como: “no vales”, “eres una cría”, “te comportas como una cría pequeña” (siempre odiaré al profe que tuve de EF), “eres una calamidad”, “así no llegarás a nada en la vida”…

Menos mal que tuve otros a los que les debo mis ganas de luchar, que me reconocían como una interlocutora válida y aceptaban mis intervenciones en actividades extraescolares. No me decían grandes palabras, pero me hacían sentir válida. Me hicieron entender que no era todo tan trágico como parecía y que simplemente, era una etapa de la vida.

Y eso es lo que te quiero decir hoy: es una etapa de la vida. 

Nada es para siempre, aunque ahora te parezca que sí. Todo es temporal (lo bueno y lo malo). Todo se termina alguna vez. ¿Te sientes inútil? Se pasará ¿Te sientes que estás que no puedes más? Se pasará. ¿Sientes que no entienden nada de lo que ocurre dentro de ti? Pasará. ¿Sientes que hay una barrera entre lo que eres por dentro y lo que los demás esperan de ti? Pasará. ¿Sientes que la vida es una continua lucha entre lo que te apetece y lo que debes hacer? Pasará (aprenderás a disfrutar de lo que haces solo por el hecho de hacerlo bien, te lo digo yo).

¿Y mientras tanto, mientras no pasa, Miren, qué hago? Pues resistir el momento. Resiste, trabaja, forma (ordena) tu cabeza con las asignaturas que te toca estudiar, para que cuando toque el momento de cambio, te pille preparado/a. Trabaja en silencio sin tanta queja, sin prisa pero sin pausa… sé tenaz, constante y no hagas mucho ruido. Cuando menos te lo esperes… pasará.

Mira, sé de lo que hablo. Si aquella pobre inadaptada hoy tiene una licenciatura, un posgrado y dos másteres, y sigue estudiando y formándose continuamente… te aseguro que tú también puedes.

Disfruta lo que puedas del fin de semana. Nos vemos en la próxima, si tú quieres. Yo te esperaré.

Miren

Imagen de wal_172619 en Pixabay

Una meta, un plan

¿No te pasa, a veces, que hay días que te gustaría parar el mundo y bajarte de él?

Días en los que dices: para qué todo esto. Bien porque has puesto mucho esfuerzo en algo y una contrariedad ha tirado todo ese esfuerzo por el suelo, bien porque no ves una finalidad clara a lo que estás haciendo o bien porque estás pasando una mala racha (aviso a navegantes: las malas rachas son imprescindibles en la vida).

El secreto está, a mi modo de ver, en que esos días, precisamente esos, son los días en los que crecemos. Pero duele. Sí, claro, crecer siempre duele. Y donde digo crecer quiero decir, avanzar en la vida, evolucionar, llegar a mejorar algún aspecto de nosotros.

Y para eso, hay que tener objetivos. Enfocarse en un “para qué”. Y a ese “para qué” añadirle trabajo, esfuerzo y determinación. No sé quién dijo que si tienes un sueño, ya tienes una meta; si a esa meta le pones un plan, ya tienes unos pasos a seguir que te acercarán a esa meta y, por lo tanto, a ese sueño. Poco a poco, paso a paso. 

Te dejo aquí un fragmento de un texto de Pau Gasol, de los que de vez en cuando escribe en su LinkeDin:

Yo me declaro un optimista realista en cuanto a cómo elijo vivir mi vida. Mi situación es muy privilegiada, eso lo tengo muy claro. Entonces, cuando he tenido que afrontar periodos de incertidumbre como estos últimos dos años sin jugar, he aprovechado ese tiempo para centrarme en otras cosas como, por ejemplo, poner en marcha otras iniciativas, cultivar relaciones personales y profesionales y estar más cerca de mi familia. Siempre procuro centrarme en lo positivo y en las oportunidades que surgen, en vez de pensar en lo que no está sucediendo o en aquello que en este momento no tengo. Para llegar a buen puerto, es importante que el optimismo esté aderezado con trabajo, determinación, foco y confianza en ti mismo. Todos ellos son factores necesarios para conseguir los objetivos que nos propongamos, sobre todo los de más dificultad.”

Te dejo aquí el enlace a su LinkeDin donde podrás encontrar textos como este, escritos por sí mismo:  https://www.linkedin.com/in/paugasolsaez/

Que tengas una fantástica semana. Nos vemos en la próxima, si tú quieres.

Miren

Imagen de <a href="https://pixabay.com/es/users/dgislason-570090/?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=5097588">D GislasonD Gislason en Pixabay